La explotación sexual se define como «el abuso real o el intento de abuso de una posición de vulnerabilidad, poder o confianza, con fines sexuales, entre otros, para obtener beneficios monetarios, sociales o políticos de la explotación sexual de otra persona» [1].
Puede adoptar muchas formas diferentes, entre las que cabe citar la trata de personas con fines sexuales, la Prostitución forzada, el Matrimonio forzado o el uso de imágenes o vídeos de desnudos en pornografía sin el libre consentimiento de la persona interesada [2]. La explotación sexual es la forma más conocida de trata de personas y afecta principalmente a mujeres y niñas [3], que representan más del 70% de las víctimas de este delito [4].
Más de cuatro de cada cinco mujeres y casi tres de cada cuatro niñas víctimas de trata son traficadas con fines de explotación sexual [5].
Aunque puede afectar a todas las personas, independientemente de su edad, sexo, género, religión, cultura, nacionalidad, etnia, discapacidad y otras características, la explotación sexual es una práctica ampliamente extendida que se utiliza contra niños y niñas [6].
Debido al aumento del acceso a Internet, niños y niñas no solo sufren explotación física, sino que también pueden ser objeto de otras formas de explotación en línea, como la captación de menores en línea, la pornografía infantil en línea o la «sextorsión» [7]. Se define así la situación en la que se incita a un niño o niña a enviar una foto o un vídeo explícito de sí mismo, que más tarde se utiliza para chantaje con fines principalmente sexuales, aunque también puede tratarse de fines materiales, de obtener determinados favores o bajo la amenaza de compartir dicho material [8].
En los últimos años han llamado la atención testimonios que han puesto de manifiesto la existencia de explotación sexual en todo el sistema de las Naciones Unidas (ONU), en particular entre el personal que trabaja en la intervención humanitaria y el mantenimiento de la paz, algunos de cuyos miembros han aprovechado su posición de poder para explotar la vulnerabilidad de las comunidades o personas interesadas, llegando a exigir la realización de actividades sexuales a cambio de protección, alimentos o servicios.
Entre estos testimonios figuran también situaciones de abuso infantil [9]. En respuesta a esta alarmante forma de explotación, las Naciones Unidas han adoptado una política de tolerancia cero hacia la explotación y el abuso sexuales en todo el sistema de la ONU, que se aplica a todos sus organismos, fondos y programas [10].